domingo, 16 de diciembre de 2012

Vomitando silencios

Un poema, el primero que me ha convencido para compartirlo en un lugar tan deshabitado como éste. 
Que lo disfrutéis, queridos fantasmas. 

Vomitando silencios con el alma desnuda,
arrancando flores de mis párpados cansados
te pienso y te vuelvo a pensar, soledad astuta.
Me revuelvo en el humo 
de mis pulmones
cansados, consumidos.

Y el hilo de la memoria del que estiro
tan lleno de nudos, tan lleno de versos 
para uno, para dos, para todos
los fantasmas del pasado.

Que te quiero, eso lo saben todos,
pero no lo entiende nadie, y qué más da
el mundo está hecho para los locos
que se atreven a soñar, vivir, amar. 

Y en esta habitación, cerrada, oscura
me revuelvo mil veces preguntándome
cómo ha soportado mi corazón tanta tortura,
si me encontraste o yo maté el tiempo,
esperándote.

Ahora guardo mis lágrimas en papel
las escribo con cristal, con trozos de mi ser.
Transformo la ansiedad en sangre, tormenta,
en agosto a las cinco, a punto de amanecer.

Y que te quiero, eso no lo sabe casi nadie,
ni lo entienden todos, pero da igual,
el mundo está hecho para nosotros, 
los locos, los que arden, los que sueñan. 











Arder, yo sé cómo si me das tus labios. Morir también sé, de sed, de hambre, de locura, de angustia, de soledad, de dolor, de alegría y de nostalgia. Lo sé. Sé también cómo vivir, contigo, pero no sin tí, sé llorar, reír, amar, odiar, gritar, volar. 
Aprendí a mirar el mundo con el alma, con los ojos cerrados, con y sin fe, con sueño, con y sin esperanza. Aprendí a luchar, a caer, a levantarme. Aprendí muchas cosas y desaprendí muchas otras.  
Sobretodo, que hay gente muy pobre, porque todo lo que tienen es dinero. Que hay gente que pasa por aquí como si nada, como también hay gente que pasa, y deja huella... y yo quiero ser de esas personas, de las que dejan huella, con mis palabras, mis sonrisas, mis luchas y mis historias. 
Quiero arder, ser tormenta, ser pájaro, ser mar, ser pez, ser todo lo que pueda ser. 







sábado, 1 de diciembre de 2012

Todo y nada y un poco de algo.

Ya me he descontado de las veces que he liado los cigarros del revés, las veces que me quedé sin papel, sin boquillas, sin mecheros, sin piedras, sin cerillas, sin ganas de esperar. Esperando me he dado cuenta de que la vida duele incluso en las sonrisas, se te clava en las costillas esperando una señal, un latido mal calculado, un trago de más. Me he dado cuenta, muy a mi pesar, que el amor hace promesas que nunca cumple y va contando los días que faltan para el nunca jamás.

En la boca un sabor a metal, el crujir de las ojeras sobre la almohada, harta de llantos, de besos, de saliva y de sudor. Otra noche más a solas, esperando, olvidando, inventando yo las excusas, rebuscando entre los sueños para entretener mi ansiedad. Si ya casi es lunes, y vuelta a empezar. Que hijo de puta el tiempo, que no se para a mirar si necesitas un respiro, un segundo de sus manos, un momento para gritar. Tic tac, tic tac...

Las calles eternas y las mentes vacías. Mi alma reclama ya la paz, una tregua, un descanso en este ocaso de preguntas sin respuesta, de ahora, de ayer, de mañana. Para el carro, que me quiero bajar. Estoy harta de palabras que son oasis, que te rompen la esperanza poco a poco. De no encontrar mi lugar, de echar de menos tus abrazos y por orgullo no pedirlos, de no verte en un mes, de llorar, de la indiferencia, de la gente, de la soledad, de la destrucción.

Tele, dieta, vozka, cocaína, un poco de la Juana, y a dormir que ya es casi lunes y dentro de poco navidad. Que no aprendemos de lo que sufrimos en nuestra propia piel, menos de la historia o de los cuentos de los viejos.

Rómpeme, arráncame, duéleme, pero no me ignores que ya tengo bastante con este mundo, con el pasado, con el presente.