Una brisa suave acaricia mis memorias en una habitación sin ventanas, recuerdos que dejo flotando en el cielo encapotado de mi cueva, para que lluevan sobre mi cuando tu presencia invisible consiga romper cada pequeña nube de sentimiento. Pensar que no quiero nada más, que podría estar una eternidad desnuda en la cama abrazada a tu piel.
Sentir al acariciarte que mis dedos no necesitan saber ningún lenguaje más, que al mirarme la palma de las manos pueda leer cada una de las coordenadas de tu cuerpo. Y endulzo tu ausencia intentando coser una sábana con mis sentimientos, para mi corazón... mi corazón.
A cada paso recordarte; parar en medio de la calle y respirar hondo, dejar que el tiempo de la gente y su extraña prisa me dejen atrás. Cierro los ojos y trato de mantenerte dentro de mí, que no te vayas volando, que no me dejes sola con el recuerdo vacío. Quédate aquí conmigo, en mi pecho.
No trates jamás de entender la pena de esta extraña soñadora, coleccionista de mapas y sonrisas que llevan al alma de la gente. No intentes jamás comprender mis palabras, son tan volátiles y divagantes como esos ojos tuyos marrones, ilusionistas escondidos que guardan todo un mundo gigante. Universos eternos atesoras en tus pupilas, los agarras con recelo en un mar de olas tan altas como torres... y me pregunto, ilusa, si podría entrar a tu reino desnuda, para sentir mejor, me excusaría.
Me disculparé, por primera y última vez, por sentirme eterna en tus brazos, por revolverme en sábanas impregnadas con tu olor. Me disculparé, por amarte para siempre.
miércoles, 28 de diciembre de 2011
martes, 27 de diciembre de 2011
La marea
Intento escuchar el compás de mis latidos para diseñar el ritmo de mis pasos. Procuro trazar una línea entre mi alma y este mundo, buscando mi camino lejos de la realidad sorda y ciega. Y por fin, ebria de recuerdos, me dispongo a caminar este vasto suelo hasta desplomarme en la arena fina de la muerte.
Pospongo y me propongo, quizás parar un ratito a la vera del mar... dónde las suelas de mis zapatos no hagan falta nunca más. Es de cobardes ahuyentar el camino, me dices, divagar por puertos raídos de la memoria. Pero, pregunto indiferente y soñadora ¿qué hay de malo en parar un ratito a navegar? Después de tanto luchar, luchar, luchar... hasta sangrar y conseguir cicatrizar, tantas heridas en balde y tantos sueños que arden.
Esperaré a que la brisa me indique el camino, y me beberé despacio toda esta amarga espera diluida en agua salada. Vomitaré mi destino y comenzaré mi diario en blanco, que ningún bohemio y magno espíritu me marque mi libertad y mi camino estepario.
La maldita soledad me acompañará en esta ardua tarea, de ser, no ser y preguntarse porqué la necesidad de una respuesta. Y conseguiré volar por encima de todas las dudas, de todas las penas y las quejumbrosas espinas de mi mente. Mi pecho vacío, mis páginas llenas... y fina arena para hundirme al final.
Pospongo y me propongo, quizás parar un ratito a la vera del mar... dónde las suelas de mis zapatos no hagan falta nunca más. Es de cobardes ahuyentar el camino, me dices, divagar por puertos raídos de la memoria. Pero, pregunto indiferente y soñadora ¿qué hay de malo en parar un ratito a navegar? Después de tanto luchar, luchar, luchar... hasta sangrar y conseguir cicatrizar, tantas heridas en balde y tantos sueños que arden.
Esperaré a que la brisa me indique el camino, y me beberé despacio toda esta amarga espera diluida en agua salada. Vomitaré mi destino y comenzaré mi diario en blanco, que ningún bohemio y magno espíritu me marque mi libertad y mi camino estepario.
La maldita soledad me acompañará en esta ardua tarea, de ser, no ser y preguntarse porqué la necesidad de una respuesta. Y conseguiré volar por encima de todas las dudas, de todas las penas y las quejumbrosas espinas de mi mente. Mi pecho vacío, mis páginas llenas... y fina arena para hundirme al final.
jueves, 22 de diciembre de 2011
Nacemos y morimos solos, y no hay ningún manual que te enseñe como lidiar con ello, no hay ningún manual que te enseñe a vivir. Caes, te levantas y aprendes. No entendemos nada, seguimos el curso del tiempo haciéndo lo que supuestamente estamos predispuestos a hacer sin mirar más allá de nuestras narices. Así va, caminamos hasta desplomarnos sin preguntarnos nada. Todo lo demás es efímero, memórias, sentimientos, pensamientos... todo resumible a caos y vacío.
Nos agarramos a filosofías y modernismos, sociabilizamos, proclamamos obviedades y nos vamos a dormir. Algunos con más suerte y otros sin tal vocablo, lo asumimos y tiramos adelante. Revoluciones que empiezan en los actos sin empezar primero por nuestra própia persona. Y siempre batallas perdidas.
Y mueres igual de sólo que naciste.
Nos agarramos a filosofías y modernismos, sociabilizamos, proclamamos obviedades y nos vamos a dormir. Algunos con más suerte y otros sin tal vocablo, lo asumimos y tiramos adelante. Revoluciones que empiezan en los actos sin empezar primero por nuestra própia persona. Y siempre batallas perdidas.
Y mueres igual de sólo que naciste.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Hogar
Hogar no es necesariamente el lugar donde vives, ni tampoco tiene porqué ser hogar allí donde está tu familia, ni tan solo tiene porqué ser un lugar. Hogar es un sentimiento de felicidad imperceptible, donde depositas tu alma, donde vas a refugiarte, a fundirte, a sentarte tranquilo y decir: podría morir ahora mismo.
Hogar puede significar muchas cosas a lo largo de una vida, puede cambiar siempre su sentido y su ubicación, pero nunca puede cambiar su lugar de origen. Y, deberíamos saber, que el hogar más cercano que tenemos, es nuestra propia persona. Sin embargo, el hogar más cálido, es siempre la persona a la que amamos.
Hogar, para mí, eres tú.
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