martes, 27 de diciembre de 2011

La marea

Intento escuchar el compás de mis latidos para diseñar el ritmo de mis pasos. Procuro trazar una línea entre mi alma y este mundo, buscando mi camino lejos de la realidad sorda y ciega. Y por fin, ebria de recuerdos, me dispongo a caminar este vasto suelo hasta desplomarme en la arena fina de la muerte. 

Pospongo y me propongo, quizás parar un ratito a la vera del mar... dónde las suelas de mis zapatos no hagan falta nunca más. Es de cobardes ahuyentar el camino, me dices, divagar por puertos raídos de la memoria. Pero, pregunto indiferente y soñadora ¿qué hay de malo en parar un ratito a navegar? Después de tanto luchar, luchar, luchar... hasta sangrar y conseguir cicatrizar, tantas heridas en balde y tantos sueños que arden. 

Esperaré a que la brisa me indique el camino, y me beberé despacio toda esta amarga espera diluida en agua salada. Vomitaré mi destino y comenzaré mi diario en blanco, que ningún bohemio y magno espíritu me marque mi libertad y mi camino estepario. 

La maldita soledad me acompañará en esta ardua tarea, de ser, no ser y preguntarse porqué la necesidad de una respuesta. Y conseguiré volar por encima de todas las dudas, de todas las penas y las quejumbrosas espinas de mi mente. Mi pecho vacío, mis páginas llenas... y fina arena para hundirme al final.


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