De pronto, salido de la nada, un borbotón de emociones y recuerdos que invaden hasta la última célula de mi cuerpo. Una colisión en pleno estómago, un rápido torrente de lava que se eleva hasta mis ojos, hasta mi boca, incluso puedo olerlo. Y un ruido apenas audible, una ruptura casi perfecta.
A solas con el tiempo, algo de tabaco, música, quizás papel y lápiz, y volar. La soledad y yo, yo y la soledad. Es lo único que consigue hacerme sentir bien ahora, perderme, abrir mi mente, volver a encontrarme y a solas caer, caer y levantarme. No hay nada que ver, nada que escuchar, nada que decir; no hay nada aquí que me ayude a seguir, sólo manos vacías, sacos rotos para guardar alegrías.
Optimismo, esperanza, ilusión ¿de qué diablos habláis? al menos en mi diccionario, eso no está.
Maldita sea, silencio todo el mundo. ¿Por alguna razón que desconozco creéis que me importan vuestras absurdas opiniones sobre mí? No hace falta que responda, creo que queda bastante claro que no escucharé vuestras serenatas semi sabias sobre la vida, las lecciones que haya de aprender, las aprendo yo. A la mierda con la sociedad.
Y sí, se llama auto destrucción.

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