viernes, 4 de mayo de 2012

Y... nada.

Si me preguntaran, no me bastarían las palabras para expresarme pero, dicho rudamente, se puede resumir en insoportable. Es una sensación de agonía perpetua, un continuo choque de trenes, el eco imparable de una nota desafinada. Desesperación absoluta, no ser nunca suficiente, no estar a la altura de la vida que llevas. Pinchazos de dolor incluso en las heridas que creías cerradas. Deseo de desaparecer.

Ser un domingo por la noche, una ventana rota en pleno Febrero, una lágrima a las cuatro de la mañana, nada, un absoluto desastre. Otra esclava más en este mundo de mierda. Un qué más da... porque, al fin y al cabo ¿qué más da? Ah... quiero evaporarme.






No hay comentarios:

Publicar un comentario