A veces no le encontramos sentido a la vida, no lo encontramos porque buscamos más allá, muy lejos de donde estamos en este momento, muy lejos de lo que somos ahora, demasiado lejos de lo que tenemos en el preciso instante en el que nos encontramos. Y si supiésemos desde que nacemos que el sentido de la vida es la vida misma... maldita sea, pocos infelices habrían en este mundo.
La felicidad huye de ti cuando la esperas encontrar en algo, alguien o algún lugar futuro, siempre más tarde, siempre cuando llegues a ese momento que nunca llega porque, cuando llega, aún ha de llegar otro. Huye de las esperas, del tiempo, del pasado y del futuro, del miedo a la vida y el terror a perder. Está justo delante de nuestras narices y nos empeñamos una y otra, y otra vez en buscarla en dirección contraria.
La vida no es lo que poseemos, no es todo lo que vamos a llegar a ser, no es esa persona especial que llegará algún día ni ese hogar que tal vez formarás unos años después, ni tu trabajo futuro, ni tu carrera ya terminada, no es nada de eso. La vida es ahora, la vida es estar vivo y solo estás vivo ahora. La felicidad viene cuando dejas de esperar y de buscar, la vida es la felicidad y no se trata de un camino de rosas.
Sin la oscuridad no hay luz, sin la luz no hay oscuridad. Cada uno de nosotros es un mundo único, nos creamos a nosotros mismos con todo lo que vamos aprendiendo, lo bueno y lo malo. Y sigues caminando y aprendiendo, moldeándote hasta el fin de tus días.
Almacenas recuerdos, sentimientos, ideas, incluso fotos, diarios y pequeños objetos como si formasen parte de tu alma y todas esas cosas intangibles... lo guardas todo en una viña como si de vino viejo se tratara, porque sabes que no se volverá a repetir, que eso eres tú, tu camino, cada día que has vivido y las personas que te han acompañado en cada preciso momento. Ese eres tú, nada más que momentos.
Por eso digo que la vida es un instante y ahí reside la felicidad, ahí y sólo ahí. Así que mi lema es: vive todo cuanto puedas, atesora cada instante, no tengas miedo, se quien eres, lucha por lo que quieres y disfruta de esas personas por las que merece la pena morir.
La felicidad huye de ti cuando la esperas encontrar en algo, alguien o algún lugar futuro, siempre más tarde, siempre cuando llegues a ese momento que nunca llega porque, cuando llega, aún ha de llegar otro. Huye de las esperas, del tiempo, del pasado y del futuro, del miedo a la vida y el terror a perder. Está justo delante de nuestras narices y nos empeñamos una y otra, y otra vez en buscarla en dirección contraria.
La vida no es lo que poseemos, no es todo lo que vamos a llegar a ser, no es esa persona especial que llegará algún día ni ese hogar que tal vez formarás unos años después, ni tu trabajo futuro, ni tu carrera ya terminada, no es nada de eso. La vida es ahora, la vida es estar vivo y solo estás vivo ahora. La felicidad viene cuando dejas de esperar y de buscar, la vida es la felicidad y no se trata de un camino de rosas.
Sin la oscuridad no hay luz, sin la luz no hay oscuridad. Cada uno de nosotros es un mundo único, nos creamos a nosotros mismos con todo lo que vamos aprendiendo, lo bueno y lo malo. Y sigues caminando y aprendiendo, moldeándote hasta el fin de tus días.
Almacenas recuerdos, sentimientos, ideas, incluso fotos, diarios y pequeños objetos como si formasen parte de tu alma y todas esas cosas intangibles... lo guardas todo en una viña como si de vino viejo se tratara, porque sabes que no se volverá a repetir, que eso eres tú, tu camino, cada día que has vivido y las personas que te han acompañado en cada preciso momento. Ese eres tú, nada más que momentos.
Por eso digo que la vida es un instante y ahí reside la felicidad, ahí y sólo ahí. Así que mi lema es: vive todo cuanto puedas, atesora cada instante, no tengas miedo, se quien eres, lucha por lo que quieres y disfruta de esas personas por las que merece la pena morir.

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