Cuando eliges hacer un lazo entre tu vacío y el de la otra persona, te diriges consciente hacia un lago amargo lleno de distintos finales, imprevisibles y caóticos cada uno de ellos. Es peor que un puto café de suburbio, amargo y aguado. Puedes estar agonizando y seguir intentándolo, puedes estar lleno de felicidad y sentir que nunca es suficiente, pero no deseas nada más que esa felicidad dosificada.
Se trata de la prioridad que tú desees darle y de cómo afrontes las prioridades de la otra persona. Cada uno tiene su propia vida, su mundo, su libertad, su maldita burbuja independiente y aislada del universo. Depende no sólo de tus sueños, sino de los de la otra persona también. Y así, siempre. Así eternamente, con todo lo que desees plantearte. El amor es una cosa recíproca, pero muy personal al mismo tiempo.
No puedes obligar a nadie a amarte, pero tampoco nadie puede obligarte a no amar.
![]() |
| Y yo, yo elijo quererte ¿y tú? |


