miércoles, 2 de noviembre de 2011

Mi alma se esconde entre cenizas muertas, cenizas de un fuego que olvidó seguir dando calor. Sólo quiere sentir el frío, estar sola y que el mundo calle ante su dolor. Mi alma, cada vez más pequeña en el olvido, cada vez más insignificante en el vacío de un nunca jamás que rompió cada átomo de su ser.

Un último beso, mi amor. Un último te quiero de tus labios. Una última carícia. Y me iré, muy lejos de aquí, donde el amor no tenga enemigos. Pero promete no olvidarte de mí, promete que nunca dejarás de quererme. Prometeme que volveré a oír tus suspiros en mis lábios, que puedo esperarte, que tu corazón sigue latiendo porqué sabe que algún día volveremos a construir castillos en las nubes. Castillos a base de besos, con hambre y sed de ti y de mi, de nuestro amor...

Nuestro amor, tenía que ser para siempre... o al menos así lo soñé. La única luz de mi vida arrebatada, apagada, pisoteada por un destino que no quiere oír mi llanto, ni mis gritos, ni se digna a ver como crece esta agonía cada segundo de mi negra existéncia sin ti.

Amarga como la bilis cada hora que pasa, una guerra perdida que intento ganar pensando que no es verdad. Que volverás, volverás, porqué esto es sólo una pesadilla, una puta mentira más. Despiértame, despiértame de este coma inducido.

Enciende el fuego, necesito tu calor. Necesito saber que aún me amas como yo te amo a ti.

No hay comentarios:

Publicar un comentario