Esperar nunca fue fácil, llega un momento en que las horas desaparecen y sólo queda la angustia, olvidas qué era lo que esperabas con tanta fuerza, y dejas de intentarlo. Al final te sueltas y ya no te importa caer, porque parece que si caes recordarás aquello que te mantenía con los ojos abiertos toda la noche, llegas a pensar que el golpe hará que te sientas viva de nuevo.
Te desvaneces por un instante y, muy en el fondo, sabes que no era tu destino, sabes que tenías que soltarte, aunque te planteas que hubiera pasado si hubieras aguantado un poquito más. Lo piensas, pero parece tan claro en ese momento que te deshaces de todo y saltas al vacío. Quizás esa era la única opción, o quizás no. Te torturas mientras vuelas en las alturas, imaginándo cómo hubiese sido todo si hubieses escalado la cima entera.
Llegas incluso a desvariar. Es un sueño, y te convences de que aún estás agarrada a aquel saliente, esperando algo. ¿Estoy cayendo, es el deseo de sentirme viva, o tal vez el miedo?

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