Rabia, una tormenta de electricidad que recorre tus entrañas de punta a punta. Cómo una lluvia densa, enfurecida, lluvia que desea ser mar para engullir el mundo, océano para explotar en mil tormentas, océano de magnas olas que inunden el sol, gigantescas tormentas que ensordezcan el universo entero con el estruendo de mil relámpagos, mil lenguas de fuego. Que desgarren el cielo con su luz, que arañen incluso las estrellas que no existen, que irrumpan hasta en el último rincón de la inmensidad y arrasen con todo. Y que después amaine, que no quede nada, sólo la calma, sólo el silencio más absoluto. Que muera todo, que desaparezca la vida. Que me deje dormir tranquila, que me arranque el alma y se la lleve.

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