Salir corriendo de casa, rápido, correr tan rápido que me ardan los pulmones y no sienta ni el más mínimo átomo de mi ser. Llorar, gritar, hasta que ya no quede rastro de voz. Derrumbarme en cualquier banco, en cualquier calle de cualquier barrio, pero en esta maldita ciudad. Sentir todo el dolor, sentir cómo se extiende por todos mis nervios y volver a gritar, volver a llorar y derrumbarme. Hasta que no quede nada de mi, ni de esta pena, ni de todas estas cajas llenas de memorias que llevo en la espalda. Que no quede nada de mi invisible existéncia y muera con ella la debilidad, la vergüenza, que se desintegre todo el miedo, todos los complejos. Nacer, tener la fuerza para revivir. Salir de esta pesadilla.

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