Explótame el alma, gáname la vida, haz que uno de mis suspiros consiga apagar un volcán. Escóndete en mis entrañas, yo me abrigaré con tus brazos y nadie podrá sacarme de ese momento. Nadie podrá escupirme la realidad a la cara porque no habrá más realidad que esa. Me perderé en ese instante y no volveré jamás, jugaré con los segundos hasta que se deshilachen y desaparezcan, y con ellos yo, y mi alma encendida, mis ojos cerrados, mi vida entera. Se evaporarán todos los miedos y se fundirá la rabia en mi pecho, correrá vena por vena hasta que no quede rastro de ella. Solo quedará la sonrisa, solo quedará una brisa fresca y un amanecer que no veré morir. Déjame morirme en tus manos.
domingo, 30 de septiembre de 2012
jueves, 13 de septiembre de 2012
Aunque tú no lo sepas
A veces la vida se convierte en un mar de dudas, se vuelve un mar tan profundo como la herida que llevas justo en el centro del pecho. Y es ella, es esa herida la que lo revuelve todo, y todo son mareas, y todo son tormentas, son oleadas de dolor, de recuerdos, de pensamientos incoherentes, de lagrimas agridulces.
Las calles se vuelven eternas y las promesas efímeras. Se inunda mi alma en la madrugada con la luz de las farolas parpadeantes. Al final del día se queda mi cama muerta de frío, con un hueco de más, al final solo quedan un par de ojos tristes buscando los tuyos para besarlos, para abrazarlos, para volverme al verlos una necia, una loca, una maraña de vida sin remedio.
Y aunque tú no lo sepas mis silencios son imperios de palabras, palabras que intentan arañar un poquito de tu alma, cavar un pequeño recoveco donde refugiarme de los días que pasan sin ti en este mundo tan sórdido, tan frío, tan solo. Que mis mañanas se quejan de tu ausencia y mis noches las acaban llorando, así calladitas, para que nadie se entere de lo mucho que te echo de menos.
Pero parece ser que tú no te das cuenta de mis suspiros, ni de mis anhelos, ni tan solo del brillo de mis ojos al verte. Parece ser que no quieres verme, y no ves mi desesperación, y no ves mi rabia y no ves ni verás jamás cómo se desgarra con paciencia esa herida que llevo en el centro del pecho. Y, ya ves, me quedo con la sensación de que todas esas ásperas mareas me derriban una y otra vez... y nunca llega el amanecer, nunca sale el sol.
Las calles se vuelven eternas y las promesas efímeras. Se inunda mi alma en la madrugada con la luz de las farolas parpadeantes. Al final del día se queda mi cama muerta de frío, con un hueco de más, al final solo quedan un par de ojos tristes buscando los tuyos para besarlos, para abrazarlos, para volverme al verlos una necia, una loca, una maraña de vida sin remedio.
Y aunque tú no lo sepas mis silencios son imperios de palabras, palabras que intentan arañar un poquito de tu alma, cavar un pequeño recoveco donde refugiarme de los días que pasan sin ti en este mundo tan sórdido, tan frío, tan solo. Que mis mañanas se quejan de tu ausencia y mis noches las acaban llorando, así calladitas, para que nadie se entere de lo mucho que te echo de menos.
Pero parece ser que tú no te das cuenta de mis suspiros, ni de mis anhelos, ni tan solo del brillo de mis ojos al verte. Parece ser que no quieres verme, y no ves mi desesperación, y no ves mi rabia y no ves ni verás jamás cómo se desgarra con paciencia esa herida que llevo en el centro del pecho. Y, ya ves, me quedo con la sensación de que todas esas ásperas mareas me derriban una y otra vez... y nunca llega el amanecer, nunca sale el sol.
martes, 4 de septiembre de 2012
Feel like shit
Los días se mueren con pasmosa facilidad, las calles empiezan a teñirse de un gris recuerdo, ese tipo de gris opaco aún algo cálido que te inunda de vez en cuando, comúnmente llamado melancolía, nostalgia a veces.
Y con los días los trenes que pasan rápido llevándose las hojas de los árboles con un silencioso revuelo de sentimientos. Sentimientos de días a solas, de días en la cama, de días sin nada y días con todo. Justo en el centro del pecho vuelan, vuelan y caen, traspasando los ojos y llevándolos hacia un mar de quién sabe qué tristezas.
Sin embargo pronto llegarán los largos días de invierno, que dejarán atrás el gris recuerdo, que dejarán atrás las melancolías y las nostalgias, que lo dejarán todo para convertirse en penas, a duras penas soportables. Con todas ellas el frío, la miel que huye de los labios y sus comisuras, las lentas horas de palabras y hojas en blanco, las horribles horas de soledad. Y lo único que queda, lo único reconfortante que también traen los inviernos, la calidez de un abrazo que sigue ahí todos los días del año para verte renacer.
Y qué extraño... tanta palabra, que yo solo venía a decir que hay días en casi otoño que parecen de esos de pleno invierno, esos en los que te encuentras más sola que la una lo estés o no. Y que cómo desearía ser mar para reventarme entre mis olas y huir de todo odio y todo mal, que mi camino fuese el cielo y... ¿mi límite? mi límite Plutón. O quizás podría ser tormenta, ensordecería el universo entero con mis truenos, rompería mi rabia en mil relámpagos esparcida. Vaya mierda, ojalá pudiese desvanecerme.
Y con los días los trenes que pasan rápido llevándose las hojas de los árboles con un silencioso revuelo de sentimientos. Sentimientos de días a solas, de días en la cama, de días sin nada y días con todo. Justo en el centro del pecho vuelan, vuelan y caen, traspasando los ojos y llevándolos hacia un mar de quién sabe qué tristezas.
Sin embargo pronto llegarán los largos días de invierno, que dejarán atrás el gris recuerdo, que dejarán atrás las melancolías y las nostalgias, que lo dejarán todo para convertirse en penas, a duras penas soportables. Con todas ellas el frío, la miel que huye de los labios y sus comisuras, las lentas horas de palabras y hojas en blanco, las horribles horas de soledad. Y lo único que queda, lo único reconfortante que también traen los inviernos, la calidez de un abrazo que sigue ahí todos los días del año para verte renacer.
Y qué extraño... tanta palabra, que yo solo venía a decir que hay días en casi otoño que parecen de esos de pleno invierno, esos en los que te encuentras más sola que la una lo estés o no. Y que cómo desearía ser mar para reventarme entre mis olas y huir de todo odio y todo mal, que mi camino fuese el cielo y... ¿mi límite? mi límite Plutón. O quizás podría ser tormenta, ensordecería el universo entero con mis truenos, rompería mi rabia en mil relámpagos esparcida. Vaya mierda, ojalá pudiese desvanecerme.
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