jueves, 13 de septiembre de 2012

Aunque tú no lo sepas

A veces la vida se convierte en un mar de dudas, se vuelve un mar tan profundo como la herida que llevas justo en el centro del pecho. Y es ella, es esa herida la que lo revuelve todo, y todo son mareas, y todo son tormentas, son oleadas de dolor, de recuerdos, de pensamientos incoherentes, de lagrimas agridulces.

Las calles se vuelven eternas y las promesas efímeras. Se inunda mi alma en la madrugada con la luz de las farolas parpadeantes. Al final del día se queda mi cama muerta de frío, con un hueco de más, al final solo quedan un par de ojos tristes buscando los tuyos para besarlos, para abrazarlos, para volverme al verlos una necia, una loca, una maraña de vida sin remedio.

Y aunque tú no lo sepas mis silencios son imperios de palabras, palabras que intentan arañar un poquito de tu alma, cavar un pequeño recoveco donde refugiarme de los días que pasan sin ti en este mundo tan sórdido, tan frío, tan solo. Que mis mañanas se quejan de tu ausencia y mis noches las acaban llorando, así calladitas, para que nadie se entere de lo mucho que te echo de menos.

Pero parece ser que tú no te das cuenta de mis suspiros, ni de mis anhelos, ni tan solo del brillo de mis ojos al verte. Parece ser que no quieres verme, y no ves mi desesperación, y no ves mi rabia y no ves ni verás jamás cómo se desgarra con paciencia esa herida que llevo en el centro del pecho. Y, ya ves, me quedo con la sensación de que todas esas ásperas mareas me derriban una y otra vez... y nunca llega el amanecer, nunca sale el sol.






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