Explótame el alma, gáname la vida, haz que uno de mis suspiros consiga apagar un volcán. Escóndete en mis entrañas, yo me abrigaré con tus brazos y nadie podrá sacarme de ese momento. Nadie podrá escupirme la realidad a la cara porque no habrá más realidad que esa. Me perderé en ese instante y no volveré jamás, jugaré con los segundos hasta que se deshilachen y desaparezcan, y con ellos yo, y mi alma encendida, mis ojos cerrados, mi vida entera. Se evaporarán todos los miedos y se fundirá la rabia en mi pecho, correrá vena por vena hasta que no quede rastro de ella. Solo quedará la sonrisa, solo quedará una brisa fresca y un amanecer que no veré morir. Déjame morirme en tus manos.

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